Y cerré los ojos. Y seguí andando.
No quería entender qué había pasado, sólo alejarme de su lado. Así que cerré los ojos. Y seguí andando.
A paso veloz, repitiendo por mis adentros que la vida continúa. Cantando bien fuerte para que mis orejas me oyeran sólo a mí, saturando mis sentidos de egoísmo para que ni siquiera el tacto sintiera la pérdida. Anestesiado contra el mundo, y seguí andando.
Y, alejándome, volví a sentir hambre, como todo ser que aún fuera viviente. Y primero, con los ojos cerrados, seguí andando bien convencido a no detenerme, para no recordar.
Pero tarde o temprano tuve que entreabrir los ojos, para seguirme alimentando. ¿O era para seguir alimentándome? Creo que fue más bien para encontrarme la pista, porque el nuevo apetito me abrió finalmente los ojos.
Ya no cerré los ojos. Y no, no andaba.
En la nada, nadaba.
Y sí, la corriente del río me había alejado más de la cuenta de su lado. Así que seguí nadando.
Pero esta vez, a contracorriente. El cabal de mis cábalas me seguía empujando lejos de su vera, pero yo convencido dedicaría mis esfuerzos a nadar en su dirección, en lo que parecía una carrera fútil que me alejaba de mi meta.
Pero sí, era de mi meta que me alejaba. De la meta del mar, que con sus aguas saladas me habría matado de sed.
¿No lo entiendes? Tenía que seguir intentando volver a tu lado, porque de lo contrario cometía un salado suicidio contra mí mismo.
Así que abrí los ojos. Y andé río arriba. El resto de mi vida.
Estic contenta de veure't caminar, des de que et vaig dir Benvingut al mon! :)
ResponderEliminar