Otra vez. La había perdido otra vez.
Bueno, paciencia, ya volverás a encontrar a alguien, me decía. Su silueta ya se había perdido, abducida entre Liberty nocturno. Empecé a caminar en dirección opuesta, con las manos en los bolsillos, con el mentón tocando del pecho para tener la nariz lo más cerca posible de la bufanda que me rodeaba el cuello. Aún así el frío era terrible. A cada nuevo aliento el vaho salía para recordarme, qué oportuno, que por ella había dejado de fumar. Esto si no venía otra ráfaga de viento, claro... entonces la Bora conseguía calar en mis huesos, y quitarme lo único que pensaba que ya no quedaba en mí; calor.
Un bonito día gris para colorearme otro día negro.
Bueno, paciencia, por suerte ya vas por los treinta tacos y no es la primera pareja que te deja. Sabrás cómo salir de ésta. De adolescente... eso sí que parecía el fin, como si la vida acabara a los dieciocho, y tu prole tuviera que emanciparse antes de que tú llegaras a los cuarenta. "Vaya, ¡pues no era así!" me podría decir sorprendido. Pero no, sorpresa ya hay pocas. ¿Qué frases nuevas ha utilizado ella respeto las anteriores? Ninguna. Que lo nuestro no tenía futuro, que prefería dejarlo ahora que podíamos seguir siendo amigos, bla bla bla,... no; la única novedad es que, esta vez, ella hablaba en italiano.
Una melodía nueva para decirme lo que ya sabía.
Bueno, paciencia, igualmente no hay mucho que me ligue aquí. Si me hubiera ido cuando aún estaba con ella habría echado de menos su cuerpo, pero ahora ya ni eso. Mira: el tranvía; ¿a quién coño lo importa una ciudad que parece anclada al siglo diecinueve? No sé qué le vi cuando llegué, quizás es que con mi colega la gente parecía abierta y todo. De echo si no la hubiera conocido a ella habría llegado a tener algunos amigos, había tíos majos. Pero bueno, mejor así, porque ni el curro que tengo no es gran cosa ni tengo nada que me pese para irme.
En Piazza della Libertà se oyen sirenas, la Bora las deja oír cada tanto. En un primer Momento estaba seguro que eran los bomberos, pero no; las he reconocido enseguida. ¿Quién estará trabajando a estas horas? Se está acercando la ambulancia, a ver si los reconozco. Aún no llega. ¿Será un accidente de tráfico o simplemente el viento ha hecho de las suyas? Pues mira, eran Sandro y Giuseppe, y el nuevo que me ha mirado pero no me conoce aún. Bueno, no sé si llegaré a presentarme, pienso ir a comunicar que me voy y, quien no esté, ya me escribirá por el caralibro. Aunque Giuseppe sí que me gustaría encontrarlo, con lo que me ha ayudado se merece una buena birra de despedida.
La Bora se para por unos momentos cuando bajo las escaleras de la plaza. Pasadizo largo. Lungo, lo llaman ellos, porque su largo sería nuestro ancho. Y al fondo ese pelma de mendigo. Los negros por lo menos son simpáticos, este es agresivo. Me lo quedaré mirando fijamente cuando pase, por agresivo yo cuando estoy de mala leche. El viejo de delante se está sacando algo del bolsillo antes de llegar a él; me lo ha distraído, no se fijará en mí. ¿Qué le está diciendo? No entiendo casi nada, seguro que es en dialecto... parando la oreja parece que dice algo como "la voyo dir que la debe eser piú tsentile, mí la dago na moneta..." La Bora no me deja escuchar más, mis ansias cotillas se quedan truncadas entre palabras que no entiendo y sonidos que no me llegan. Pero seguro que además de darle algo le habrá dicho que es un puto pesao.
Entrando dentro de la estación el viento se para otra vez. Han quitado los bancos, así los indigentes se ven forzados a ir a otro sitio más acogedor. Aunque caminando he entrado en calor, seguro que ya se me ven los mofletes rojizos otra vez. Me acerco a la gran pantalla de información. Me recuerda cuando cogí el tren de Mestre la primera vez. Esas luces amarillentas del panel electrónico son el color de algo nuevo. Son preludio de novedades. Me voy acercando hacia la máquina. Pero en medio del camino, por un instante, me quedo parado.
¿Por qué quería yo un billete si ya estoy en Trieste?
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*Todo parecido con el mundo real sería pura coincidencia. Excepto los elementos físicos (viejo pelmazo incluído)
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