Maestro, permítame una reflexión. Hace ya unos años que nos dejó Sócrates, al que yo sólo conozco por lo que usted y los otros han dicho de él. Aún viven aquellos que lo han conocido y ya circulan versiones contradictorias sobre sus palabras. Sin ánimo de ofender, hasta sus escritos parecen entrar en contradicción en algunos detalles con lo que usted mismo me ha contado otras veces.
Esto me lleva a dos cuestiones: la primera, el cambio que sufre el conocimiento en poco tiempo, hasta aquél que podríamos considerar objetivo. Para mí es algo necesario, hace unos años no conocía muchas de las cosas que me han hecho cambiar de opinión, pero esto no quiere decir que no existieran; por lo tanto rectificar es siempre positivo, es más, si alguien me convence de que los cuatro grados del ser es algo que no tiene sentido, yo seré el primero en abandonar esta teoría.
La segunda, la perdurabilidad del conocimiento escrito. Yo mismo soy contrario a echar el ancla del conocimiento y amarrar lo que yo pienso para que los otros no lo lleven a la deriva, pero es un riesgo que quiero correr para que, más adelante, no se malinterprete lo que yo, desde mi modesto punto de vista, he dicho o dejado de decir. Estoy parcialmente de acuerdo con su maestro Sócrates, la escritura es un mal; pero un mal necesario.
Imagínese que dentro de dos mil años, por ejemplo, se siguiese citando lo que nosotros hemos dicho ahora. Sé que es algo inverosímil maestro, pero yo me alegraría de saber que, una vez superadas, nuestras palabras se olvidan o, en todo caso, no se tergiversan hasta el absurdo.
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"Aristóteles establecía cuatro grados en el ser (...) nos decían los viejos filósofos que es imposible pasar de un grado al otro (...) y yo no tengo claro que la teoría de la evolución demuestre estos pasos" (Juan Manuel de Prada, en el programa "La teoría de la evolución" de "Lágrimas en la lluvia", emitido el 23 de enero de 2012 en Intereconomía. Minuto 6:57)
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