viernes, 24 de febrero de 2012

Atardecer

Yo sólo flotaba en los mundos fantásticos que su voz me recreaba. Cuando acabó otro relato le expuse mi fascinación:

- ¡Caramba! ¡Ya me gustaría a mí visitar todos los sitios donde usted ha estado!

El viejo duende sonrió. Aún sin bajar de allí se incorporó por un momento para acercar su cara a la mía, de forma que la suave luz de las luciérnagas me permitió ver el destello de sus ojos por primera vez. Confidente, me contestó susurrando pero seguro.

- ¿Me seguirás creyendo si te digo que nunca he bajado de esta seta? Pues ya lo creo, en mis setecientos años de vida no me he movido de aquí. Los incontables viajantes que, como tú, me habéis hecho compañía, me contáis lo justo y imprescindible para que mi imaginación pinte el resto.

Lo creía, no podía sino decir la verdad. Nadie miente en nuestro mundo.

- ¿Pero por qué nunca se ha ido? ¡Usted sabe donde se encuentran todas las maravillas del mundo!

- Estoy seguro de que mi seta es la más cómoda del mundo, ¡no quiero que un gólem despistado me la pise! - me decía riendo mientras se volvía a tumbar - y de todas formas tú mismo me has dicho que los colores de tu tierra te parecían aún más vivos cuando yo te los recordaba.

Miró de nuevo hacia las estrellas. Ahora que empezaba la noche bailaban un chotis al son del violín lunar, que tocaba a la perfección con un cometa de dos colas.

- Los gnomos aventureros sois unos afortunados porque exploráis más lejos de lo que cualquier otra criatura se atreve. Yo soy un afortunado porque, gracias a vosotros, disfrutaré más que nadie mis cortos milenios de existencia.


(imagen: El món d'en Minus de Joan Gómez)

jueves, 23 de febrero de 2012

En defensa de los libros

Maestro, permítame una reflexión. Hace ya unos años que nos dejó Sócrates, al que yo sólo conozco por lo que usted y los otros han dicho de él. Aún viven aquellos que lo han conocido y ya circulan versiones contradictorias sobre sus palabras. Sin ánimo de ofender, hasta sus escritos parecen entrar en contradicción en algunos detalles con lo que usted mismo me ha contado otras veces.

Esto me lleva a dos cuestiones: la primera, el cambio que sufre el conocimiento en poco tiempo, hasta aquél que podríamos considerar objetivo. Para mí es algo necesario, hace unos años no conocía muchas de las cosas que me han hecho cambiar de opinión, pero esto no quiere decir que no existieran; por lo tanto rectificar es siempre positivo, es más, si alguien me convence de que los cuatro grados del ser es algo que no tiene sentido, yo seré el primero en abandonar esta teoría.

La segunda, la perdurabilidad del conocimiento escrito. Yo mismo soy contrario a echar el ancla del conocimiento y amarrar lo que yo pienso para que los otros no lo lleven a la deriva, pero es un riesgo que quiero correr para que, más adelante, no se malinterprete lo que yo, desde mi modesto punto de vista, he dicho o dejado de decir. Estoy parcialmente de acuerdo con su maestro Sócrates, la escritura es un mal; pero un mal necesario.

Imagínese que dentro de dos mil años, por ejemplo, se siguiese citando lo que nosotros hemos dicho ahora. Sé que es algo inverosímil maestro, pero yo me alegraría de saber que, una vez superadas, nuestras palabras se olvidan o, en todo caso, no se tergiversan hasta el absurdo.

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"Aristóteles establecía cuatro grados en el ser (...) nos decían los viejos filósofos que es imposible pasar de un grado al otro (...) y yo no tengo claro que la teoría de la evolución demuestre estos pasos" (Juan Manuel de Prada, en el programa "La teoría de la evolución" de "Lágrimas en la lluvia", emitido el 23 de enero de 2012 en Intereconomía. Minuto 6:57)

...¿y Platón?

En la sombra.

Algún día lo liberaré.

lunes, 13 de febrero de 2012

Maestra

- Maestra, gracias por sus sabias palabras. Puede estar segura de que sus discípulos nos encargaremos de que sus palabras sean recordadas. De usted se hablará por siglos, alabando su nombre por lo mucho que sabe.

- Mis palabras te las regalo sin condición, querido Sócrates, aunque lo único que sé es que no sé nada.

sábado, 11 de febrero de 2012

Funcionaria

Llamó a la puerta cuando yo estaba durmiendo. Me levanté y me acerqué a preguntar quién era.

- Soy la Muerte. Ábreme, por favor.

Evidentemente no lo hice. Me giré para irme hacia la cama otra vez. Pero cuando llegué allí me vi tumbado, sin respirar. Aún pensé por un momento que todo era un sueño; es normal, uno no se muere todos los días y no está acostumbrado. Pero era todo demasiado real, así que al final desistí y abrí la puerta.

- Disculpe la espera...

- Nada hombre, que también es parte de mi trabajo. Y tutéame por favor, que las formalidades me sobran - se quitó la capucha negra del uniforme como para indicar que hasta este disfraz le sobraba -. Bueno, tenemos todo el tiempo del mundo, pero supongo que tendrás unas cuantas preguntas que hacerme. Mejor nos ponemos cómodos, ¿puedo pasar a hacer un café?

Y dos si hacía falta. Descubría la Muerte y era guapísima. Aunque en aquellos momentos aún estaba demasiado interesado en entender mi nuevo porvenir como para ligar con ella.

- ¿Así que existe el alma? Menudo chasco, toda mi vida siendo un materialista convencido...

- Sí bueno, de hecho es una de las opciones que tienes. Ya te iré contando, mi trabajo es quedarme aquí contigo hasta que decidas adonde ir. Es que desde hace unos años el mercado de las almas también se ha liberalizado, y a todos los nuevos se les envía un asesor para que decidan donde ir.

- ¿Así que Dios también es capitalista? ¡Joder!

Se me echó a reír a placer.

- ¡Venga ya! ¿Te crees que mi jefe es un barbudo con canas? - sonrió. Qué sonrisa que tiene, por favor - Los dioses son parte de la campaña publicitaria, pero en el fondo lo que hacen todos es convencer al cliente para que se quede y así cobrar la subvención. Tu tranquilo, que antes de firmar ningún contrato te los haré conocer todos al dedillo.

Me contó que antes los bautismos y demás ritos de iniciación eran vinculantes, y a cada uno se le mandaba a donde le tocaba. Mucha gente se quejaba, pero el negocio era a la vieja usanza y no había posibilidad de reclamar. Fue cuando empezaron a llegar abogados ateos al chiringuito cristiano que se lió la gorda, porque empezaron a recorrer por lo legal y ganaron la batalla.

- También hubo presiones por parte de los paraísos de épocas pasadas, que no podían competir porque sus civilizaciones habían desaparecido y no les llegaban almas nuevas. Antes el trabajo de asesor era más fácil, les contabas que por un error de forma se habían quedado fuera y en general no te preguntaban por otras opciones. Pero la verdad es que prefiero el sistema actual. Muy bueno el café, por cierto; ¿hacemos otro?

Pensé un par de segundos antes de contestarle.

- Has dicho que te tienes que quedar conmigo hasta que me decida, ¿verdad?

Sonrió otra vez. Sé que escogí la mejor opción.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Carta ajena

Faltaban cinco minutos para acabar el turno, por eso en un primer momento pensé en tirarla sin más.

La caligrafía era la de un niño o niña, de como mucho cinco años. Parecía que había escrito la dirección solo: "Ernan Peres, caie maior 37. Cartajena". Por sello llevava un dibujito que ni de lejos daría el pego. Pero mirando el dibujo lo pensé medio segundo de más. ¿Quién me vendría a pedir explicaciones? Venga, si fuera de mi nieto a mí me haría una ilusión bárbara.

La timbré manualmente y la devolví a la saca, ahora legitimada para seguir su viaje. Siempre me preguntaré qué palabras había dentro.