domingo, 29 de enero de 2012

Día 3

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Autochequeo de reconocimiento: no, parece que ya no estoy soñando más. ¿He soñado? ¿Qué era? Ni idea ya. Bueno, pues sí, me acabo de despertar. Día tres.

Supongo, vaya. Me parece muchísimo más. ¡Joder! Siglos, hostia, parecen putos siglos. ¿Por qué estoy convencido de que es el tercero? No sé... el ciclo del sueño se me ha roto, pero me da que son hacia las cinco de la mañana. Día tres, pues.

Hambre... nada, a joderse. ¡Agua! Cabeza ladeando a la izquierda, unos treinta grados, cuello estirándose, labios chupando la roca... sí, hoy aún hay algo de agua. Bebe. Aprovechemos para hincharnos, parece que hoy ya no llueve. No sé cuando durará el filón líquido. Aprovechemos. Chupando con paciencia, el primer ruido que me llega hoy y es mío. Afuera silencioso. Mucho. Escalofrío subiendo de la lumbar hacia la nuca, calor en los ojos. Por cada gota que trago estoy perdiendo una lágrima. Puta fuente salada. El agua en circulación no se estanca, consuelo de pobres.

El aire tampoco se estanca, este alud fue demasiado amable. Ingeniero de tierra, ¿le importaría dejarme libre también la mano? Sí, me gusta, el nicho ha quedado precioso, tiene todas las comodidades que mi agonía puede desear. Pero ¿sabe? mientras aún esté vivo no estaría mal alguna distracción, no sé,... un poco de luz, poderme rascar,... ¡Ingeniero hijoputa! ¡Mejor hazme caer la jodida roca entre ceja y ceja y acabamos antes!

Si por lo menos les hubiera dicho a los del último pueblo que me iba a cruzar solo el valle... Si tuviera una mínima esperanza... Un fin solitario para una persona solitaria, qué bonito. Sin agua por lo menos aguantaré dos días más. A aquél lo sacaron de los escombros después de quince días. ¡Dios! ¡Que no vuelva a llover, sé que con la sed volvería a beber para alimentar la agonía!

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